Bogota Ciudad del Cabo Dispensadores Agua

¿Bogotá se está quedando sin agua como Ciudad del Cabo?

Ciudad del Cabo llamó la atención de la opinión pública cuando “la hora cero” encendió las alarmas y sus habitantes se enfrentaron a la posibilidad latente de vivir en la primera gran ciudad del mundo sin agua potable. Hoy racionan con toda clase de métodos dispensadores de agua, buscando alterar la tendencia.

Sin embargo, su caso no fue más que el indicador de una triste tendencia, que se debe al cambio climático, la contaminación y la urbanización desmedida, entre otros. Si bien Bogotá no padece esas condiciones hoy en día y cuenta con páramos, reservas, represas y ríos que sirven de dispensadores naturales de agua, éstos tristemente han disminuido. Por eso, en este artículo hablaremos de algunos factores que relacionan la condición actual de ambas ciudades. No buscamos atemorizar a nadie; solo generar conciencia.

Sería fácil pensar que, en un planeta cuyo 70% de superficie está bajo el agua, no debería haber problemas de abastecimiento. Sin embargo, el agua dulce no es tan fácil de encontrar, pues tan sólo representa un 3% del total planetario. Y no toda es potable, por lo que filtros y dispensadores -tanto naturales como artificiales-, son fundamentales para el sostenimiento de la vida humana.

Las grandes urbes están bajo una amenaza más peligrosa. Si pensamos que, entre mayor sea el número de personas congregadas en un lugar (llámese Bogotá, Panamá o Ciudad del Cabo), y haya fenómenos repetitivos que afecten el clima de ese territorio, va a ser más difícil que el ciclo de renovación del agua se lleve a cabo satisfactoriamente. Además, fenómenos como la sobrepoblación, la contaminación o la deforestación no ayudan. Bogotá padece los tres.

El fenómeno del " Niño" es bien conocido en Colombia, pues las intensas lluvias que genera han despertado lamentables desastres naturales en nuestro territorio nacional, mientras provocan sequías en las zonas lejanas al Ecuador. Pues bien, mientras Sudáfrica lo padece, Colombia enfrenta su contraparte, el fenómeno de “La Niña” (Aunque los expertos aseguren que su influencia es débil). Este nos ha traído una época calurosa, con pocas lluvias en las regiones donde habitualmente llueve, en el primer trimestre de 2018. Esto no solo afecta las cosechas, sino que implica directamente disminuciones en los afluentes dispensadores de agua del país y en especial de Bogotá; Chingaza, por ejemplo.

Por otro lado, miremos cifras poblacionales de ambas urbes. En los últimos 23 años la población de Ciudad del Cabo ha crecido exponencialmente, pues un 80% de nuevos habitantes apareció en escena. Hoy son 4,3 millones de personas en total, con casi dos millones de residentes añadidos. Un número pequeño, si se quiere, ante los más de ocho millones de Bogotá. En ese mismo período de tiempo, la capital de la República colombiana recibió la misma cantidad de nuevos habitantes que Ciudad del Cabo. Esto, debido a natalidad, búsqueda de oportunidades, urbanización y desplazamiento forzoso.

Pero el problema no radica simplemente en que ambas ciudades ahora tienen más gente, no. Está en las consecuencias de albergarla. El crecimiento significativo en la población “de invasión” en las montañas aledañas, significa deforestación de las sabanas y limitantes al funcionamiento habitual del ciclo del agua. Además, los frailejones (vitales generadores y dispensadores naturales de agua para la sabana de Bogotá) se han visto atacados por plagas y enfermedades.

A esto podemos sumar que el nivel del agua de los ríos ha disminuido, mientras su contaminación ha aumentado, lo cual se percibe con facilidad en lugares como el Salto del Tequendama, el río Bogotá o el Juan Amarillo. Los habitantes contaminan, gastan más de lo normal, sin contemplar siquiera el uso de dispensadores de agua para ahorrar algo. Además, tampoco reciclan. Esas son constantes en ambas urbes, aunque los escenarios tengan diferentes nombres.

¿Qué hacer ante esa situación? Tomar un cambio de actitud, así como los sudafricanos lo hacen hoy en día, debido a la urgencia. Aprovechar los recursos con sabiduría, sin desperdiciar y usando filtros dispensadores para purificar el agua que se pueda conseguir, tratando de no recurrir al agua embotellada, cuya producción puede liberar agentes contaminantes. Hay que beber agua pura, sin contaminar la del vecino. Además, conductas como no tapar cañerías, ni contaminar las fuentes hídricas de Bogotá, nos alejarán del panorama sombrío que se avecina. El cambio lo traeremos todos.

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Edgar Cifuentes
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Edgar Cifuentes

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